Ofrenda.
Cansada, y confundida, víctima de la tempestad hormonal que supone el cambio, la mujer estaba exhausta. La alegría de tener en sus brazos a su hijo recién nacido era poco perceptible, debido al cansancio, y la tristeza que se instala con el abandono y la soledad.
Criar a su hijo sola suponía una tarea tremenda y el camino se hizo muy difícil. La mujer caminó, siguió la larga senda que se abría frente a sus ojos, caminó por cerros y montañas... tropezó y se sintió mareada. Cogió a su hijo sacándolo de la tela que la rodeaba, se acercó a la cima de la montaña, y alzó a su hijo, al borde del precipicio.
En ese momento se abrió el cielo y las voces de los Dioses le hablaron. Le dijeron, ofrece a tu hijo. Como un sacrificio. Déjalo caer al precipicio.
Entréganos a tu hijo, y tu vida será mejor. Serás admirada; exitosa, tendrás innumerables bienes, tu vida será toda entera para ti. Tendrás el tiempo y la energía para desarrollar todas tus capacidades, y el mundo se rendirá a tus pies. Entréganos la vida de tu hijo, y podrás disfrutar sin límites de tu propia vida.
La madre estiró los brazos y sostuvo a su hijo cogiéndolo por debajo de los hombros, y lo vio, tan frágil, tan pequeño, era tan fácil deshacerse de él, sólo soltarlo... y descansar, de una vez... miró el cielo iluminado por la luz que se colaba por entre las nubes.
Y cuando le flaquearon las manos y estuvo a punto de dejarlo caer, lo estrechó contra su pecho... y gritó a los Dioses, -"¡Jamás renunciaré!!".
Criar a su hijo sola suponía una tarea tremenda y el camino se hizo muy difícil. La mujer caminó, siguió la larga senda que se abría frente a sus ojos, caminó por cerros y montañas... tropezó y se sintió mareada. Cogió a su hijo sacándolo de la tela que la rodeaba, se acercó a la cima de la montaña, y alzó a su hijo, al borde del precipicio.
En ese momento se abrió el cielo y las voces de los Dioses le hablaron. Le dijeron, ofrece a tu hijo. Como un sacrificio. Déjalo caer al precipicio.
Entréganos a tu hijo, y tu vida será mejor. Serás admirada; exitosa, tendrás innumerables bienes, tu vida será toda entera para ti. Tendrás el tiempo y la energía para desarrollar todas tus capacidades, y el mundo se rendirá a tus pies. Entréganos la vida de tu hijo, y podrás disfrutar sin límites de tu propia vida.
La madre estiró los brazos y sostuvo a su hijo cogiéndolo por debajo de los hombros, y lo vio, tan frágil, tan pequeño, era tan fácil deshacerse de él, sólo soltarlo... y descansar, de una vez... miró el cielo iluminado por la luz que se colaba por entre las nubes.
Y cuando le flaquearon las manos y estuvo a punto de dejarlo caer, lo estrechó contra su pecho... y gritó a los Dioses, -"¡Jamás renunciaré!!".
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